
O de que viva el ácido folclórico y todos sus muertos.

O de que viva el ácido folclórico y todos sus muertos.

O de un lugar donde se preocupan por la felicidad del comensal, ¡Dios guarde a Josefina!

O de cómo disfruta un chef saltimbanqui entre viñedos.

O de cómo buscar chispazos e iluminarse la vida en la cocina.

O de una cocina de altos vuelos localizada en un entorno como de «La casa de la Pradera».

O de una llamada que avisa de la captura de una «hembra» de precioso calibre.

O de un envío de patatas-corazón con las que nos está obsequiando el viejo.

O del sublime empeño de cumplir un viejo deseo familiar.
