
O de un hombre de cuyo nombre los niños indios sí pueden acordarse.

O de un hombre de cuyo nombre los niños indios sí pueden acordarse.

O de dos hermanos felices que elaboran un aceitico que se te salen los ojos de las órbitas.

O de que no hay tercera mala. ¿O sí?

O de una receta fresca y fácil para combatir sin tregua la calorina que nos abrasa.

O de las aventuras de un a-town-darra, Tristam Shandy de alegre figura y autor de «porquelodigoyo».

O del rumor de la selva con todas sus fieras, un chollazo de vino del copón.

O de dos tipos valientes de veras, que esconden toneladas de arrojo y sana locura.

O de los locos por la comida que haberlos, haylos, tantos como tarros de ungüento en las boticas.
