
O de que en la próxima reencarnación me pido ser cochino guarro de Bibaz.

O de que en la próxima reencarnación me pido ser cochino guarro de Bibaz.

O de un chef valiente al que acaban de dar su segunda y reluciente estrella Michelín.

O de un vino hecho para paladar de titanes, puro graciano salvaje como los limones del Caribe.

O de un lugar donde se preocupan por la felicidad del comensal, ¡Dios guarde a Josefina!

O de un vino que nos huele a la zarzamora de septiembre, ni más ni menos.

O de cómo disfruta un chef saltimbanqui entre viñedos.

O de un vino diez para enfrentarse al vino y, de paso, a un humeante guiso estofado.

O de una cocina de altos vuelos localizada en un entorno como de «La casa de la Pradera».
