
O de un albariño singular que ha de servirse bien frío, casi helado.

O de un albariño singular que ha de servirse bien frío, casi helado.

O del lugar donde Dios creó, sin género de dudas, la fabada.

O de un vino ardiente donde los haya que es puro poderío.

O de un restorán que es como una exquisita gran dama riojana.

O de un vino que recoge todos los matices del sotomonte en su regazo cristalino.

O del sublime empeño de cumplir un viejo deseo familiar.

O de un vino que encierra casi el mismo secreto que el de una buena legumbre desgrasada.

O de abrir una botella y toparse con el recuerdo de la hierba fresca recién segada.
