
O de un restorán con el más genuino de los pedigrís.

O de un restorán con el más genuino de los pedigrís.

O de un vino sensual y ruidoso que es criatura bien rica.

O de que viva el ácido folclórico y todos sus muertos.

O de un vino untuoso y ardiente, como un queso de bola recién horneado.

O del tipo con más garrote que he conocido jamás de los jamases.

O de un blanco que te lo pimplas feliz con un buen pescado a la parrilla.

O de un lugar en la mismísima Torrelavega donde es obligado parar a jalar.

O de un vino sin tapujos, para beberlo a sorbos muy cortos.
