
O de un bicho negro azulado, como una noche de secretos, pura incitación al placer.

O de un bicho negro azulado, como una noche de secretos, pura incitación al placer.

O de un precioso caserón donde puede jalarse el más delicioso de los gorrines asados.

O de un vino que es un puntazo de lo buenos.

O de un auténtico acorazado Potemkin, chef de raza que guisa con el puño alzado.

O de una birra bien exótica, como un platazo de arroz indio especiado.

O del templo donde habita el sumo sacerdote de la gastronomía.

O del coloso en llamas versión vinazo de merlot elegante.

O de volar a Legasa en hidroavión si es menester; se lo compensarán.
