
O de un vino que de ser mujer sería prieta y deslenguada como ninguna.

O de un vino que de ser mujer sería prieta y deslenguada como ninguna.

O de un bar con una solera del carajo, reinaugurado el día que murió la mismísima Lola Flores.

O de un plato más veraniego que los festivales de jazz y las chancletas.

Un vino antídoto de la chicharra, para poner a tono el cuerpo jotero.

O de un lugar que parece el frenopático.

O de un vino que da el mismo gustico en la pilila que un buen caramelo ácido.

O de someterse a un electroshock de mil estiletes punzantes y especiados.

O de que a veces los chefs se olvidan de quién manda a bordo.
