
O de un descanso eterno sumergido en aceite, vinagre y hierbas.

O de un descanso eterno sumergido en aceite, vinagre y hierbas.

O de un lugar discreto donde oficia un cocinero jabalí, sagaz y noble.

O de un cóctel de terror.

O que en la mesa, si pecas de cursi-pedorro, es mejor que te coman los leones de Ángel Cristo.

O de unas reflexiones para un estupendo blog recién parido.

O de unos huevos con patata y chistorra en trago largo, servidos en vaso.

O de una sopa fresca y mora tuneada con remolacha.

O del complicado lenguaje de los hombres.
