
O del templo donde habita el sumo sacerdote de la gastronomía.

O del templo donde habita el sumo sacerdote de la gastronomía.

O de una culinaria al límite, fronteriza, explosiva y mestiza como ninguna.

O de una quesería que guarda tanta nataza que mataría de un infarto al mismísimo Mazinger Z.

O de un restorán con el más genuino de los pedigrís.

O de que en Navidad toca darse el homenaje de rigor en un lugar que conduce a la perdición.

O de que viva el ácido folclórico y todos sus muertos.

O de un vino untuoso y ardiente, como un queso de bola recién horneado.

O del tipo con más garrote que he conocido jamás de los jamases.
