
O de un bocado que invita a pecar sin desmayo, de probar y alucinar en estéreo.

O de un bocado que invita a pecar sin desmayo, de probar y alucinar en estéreo.

O de la onza del pecado, rústica y demodé, que astilla en la boca como el cristal de Murano.

Un aceitico de oliva para remojar en él los pies, las hogazas de pan y hasta la cabeza.
O de los quesos de Alfonso y familia, piezas del quince reconocidas en el mundo entero.

O de un pescadero con oficio y muy buena materia prima.

Un carnicero con oficio que tiene una vitrina más surtida y lucida que el Tiffany & Co.

O del más florido de los escaparates posibles, lugar donde se te pegan los mocos sin remedio.

La gallina turuleta, ha puesto un huevo, ha puesto dos, ha puesto tres.
