
O de que nos pierde irremediablemente lo bueno, ¡maldición!

O de que nos pierde irremediablemente lo bueno, ¡maldición!

O de descorcharlo con un plato de hinojos aliñados: el culmen del gozo sensual.

O de un presente bien quedón en una cena de amigos.

O del estilo Moore pero sin retoques.

O de remontarse a Eugenia de Montijo, ni más ni menos.

O del equivalente a la merienda de los campeones en versión vinacho.

A medio camino entre pastelería y tienda de chuches. ¡Toma del frasco, Carrasco!

O de la Harley de los domingos, que ruge y entra en las curvas como ninguna.
