
O de que viva el ácido folclórico y todos sus muertos.

O de que viva el ácido folclórico y todos sus muertos.

O de una guía centenaria, el niño de San Ildefonso de cada noviembre.

O de un tipo atómico que se conoce al dedillo todos los secretos de la mejor carne.

O de que ya están aquí las crónicas de Aldabe, en su octava entrega por fascículos.

O de Quercus, un país en continua metamorfosis, y de su singular «alcaide».

O del lugar donde Dios creó, sin género de dudas, la fabada.

O de un envío de patatas-corazón con las que nos está obsequiando el viejo.

O de un restorán que es como una exquisita gran dama riojana.
