
O de una posada donde pegarse la vida padre, en las entrañas de Cantabria.

O de una posada donde pegarse la vida padre, en las entrañas de Cantabria.

O de una culinaria al límite, fronteriza, explosiva y mestiza como ninguna.

O de que no se lo piensen, si los Reyes no han sido generosos, unten el roscón en este vino.

O de una quesería que guarda tanta nataza que mataría de un infarto al mismísimo Mazinger Z.

O de un lugar donde perchas y cestos forman parte del utillaje de cocina más fundamental.

O de los placeres de un monstruo que sueña imágenes y las transforma en esculturas.

O de un vino que se puede masticar en boca como un kilo de moras, navarrico hasta la faja.

O de una golosina de suculencia fuera de lo normal, para ilustrar un bocata como Dios.
