
O del auténtico eau de parfum de las vinotecas más selectas.

O del auténtico eau de parfum de las vinotecas más selectas.

O de unos sabios «obreros» de los fogones.

O del equivalente a la merienda de los campeones en versión vinacho.

O del vino que nos hubiéramos llevado, seguro, de descubrir América.

O de un chef de bandera, enamorado hasta el tuétano de la mejor comida japo.

O de lo que da de sí la Monastrell, gloria bendita

O del vino a descorchar con el mismísimo Scorsese.

O del nuevo Yuste del siglo XXI, fuente de todo tipo de goces terrenales.
