
O de que francamente está pelotudo.

O de que francamente está pelotudo.

O de un caldo de raza con potencia de Ferrari.

O de lo que siempre se acaba confesando a voces.

O de la robustez, concepto categórico y rotundo.

O de descorcharlo con un plato de hinojos aliñados: el culmen del gozo sensual.

O del estilo Moore pero sin retoques.

O de llevarse a la napia un café con su crema recién hecho.

O de remontarse a Eugenia de Montijo, ni más ni menos.
