
O de los placeres de un galego más galego que un lacón con grelos, la lamprea y el pazo de Mariñán.

O de los placeres de un galego más galego que un lacón con grelos, la lamprea y el pazo de Mariñán.

O de un vino que se puede masticar en boca como un kilo de moras, navarrico hasta la faja.

O de una golosina de suculencia fuera de lo normal, para ilustrar un bocata como Dios.

O de un lugar en la mismísima Torrelavega donde es obligado parar a jalar.

O de un vino sin tapujos, para beberlo a sorbos muy cortos.

O de un chef valiente al que acaban de dar su segunda y reluciente estrella Michelín.

O de que nos han premiado como mejor blog en un sarao al estilo de Silicon Valley.

O de un vino diez para enfrentarse al vino y, de paso, a un humeante guiso estofado.
