
O de que hay que soñar, ¡que la vida es puro carnaval!

O de que hay que soñar, ¡que la vida es puro carnaval!

O de un restaurante que atiza las ollas con esmero.

O de un vino con empaque.

O de unos embutidos con sabor y chicha de verdad.

O de un vino para dar la vuelta al mundo.

O de una cita inexcusable para un gastronómada en condiciones.

O de un lugar que no se parece en nada al «mundo de los escomendrijos».

O de una criatura que no se parece a ninguna otra en cien metros a la redonda.
