
O como dice makinavaja, «la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, hay Dios…».

O como dice makinavaja, «la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, hay Dios…».

O de cómo algunos cronistas manguis nos bombardean con insufribles «refritos» diarios.

O de un vino que es como las viejas canciones de Sinatra, un lujo sin horas.

O de una llamada de auxilio como un campano, ¡sálvese quien pueda!

O de un tipo que empaqueta una «radio-fórmula» gastronómica estupenda.

O de un escritor admirado que es dueño de un circo literario con leones y todos los enanos.

O de un latigazo de frutas tropicales de romper medias de seda y calcetín de lana.

O que para hacer queso hay que tener los cojones de goma como Spiderman.
Cierras los ojos y al primer mordisco sientes una textura firme con sabor equilibrado e intenso, consistente, ligeramente picante, dulce, sin amargor y sazón comedida, con regusto final continuo, armónico y pronunciado, como una película de John Ford. Para que todo esto ocurra, los pastores madrugan, se mojan, sufren, lloran, patean lo que no está escrito, pasan noches en vela, padecen los envites del banco, de los zorros, de los funcionarios de la consejería, de la distribución, del gato por liebre, de chulos y mangantes. Suben collados, lomas, esquivan truenos, aguaceros y soportan la más pegajosa chicharra antes del ordeño, siembran la leche, cortan la cuajada, rellenan moldes, sumergen los quesos en salmuera, los maduran y ahuman con madera de haya, espino blanco o cerezo. Queda voltearlos y tener arreo para segar hierba, mantener huertas, vacas, criar familia y no marchar jamás de vacaciones. Para ser pastor hay que ser casta y genio, león y pantera. Muchas felicidades a la familia Ansola por su triunfo en Ordizia y a la Cofradía del Queso Idiazabal por permitirme ser jurado este año.
