
O de un rompecorazones en toda regla; el más fresco del barrio.

O de un rompecorazones en toda regla; el más fresco del barrio.

O de un músico de pasión y corazón, periodista de oficio, tragón y catacaldos.

O del auténtico eau de parfum de las vinotecas más selectas.

O de un surtido de dulces insultantemente viciosos.

O de unos sabios «obreros» de los fogones.
