
O de un caldo alicantino de muy padre y señor nuestro.

O de un caldo alicantino de muy padre y señor nuestro.

O de un cocinero idealista, soñador, apasionado y rebelde.

O de una de nuestras debilidades veraniegas por excelencia, ¡el salazón fetén!

O de uno de esos rosados salseros, imprescindibles en todo verano que se precie.

O del auténtico néctar imperial en forma de tortilla de bacalao insuperable.

O de un vino para gozar sin gilipolleces.

O de un aniversario de un gran bar.

O de un tipo enganchado a la vida, sus críos y los amigos de verdad.
