
O de una parrilla televisiva repleta de auténtica gelatina de cocina.

O de una parrilla televisiva repleta de auténtica gelatina de cocina.

O del chupinazo de glucosa más feliz desde tiempos de infante.

O de un auténtico compromiso con la artesanía, sin falsos rollos de escaparate.

O de la prueba irrefutable de que Dios no existe.

O de que viva el oficio de charcutero, ¡el más hermoso del mundo entero!

O de darse el lujazo de empaquetar miles de años de historia.

O de una apuesta asturiana de profundo calado.

O de que viva la navidad y sus toneladas de turrones «adelgazantes».
