
O de un restorán sin huerta donde se cocina con swing y a la brava.

O de un restorán sin huerta donde se cocina con swing y a la brava.

O de un vino que es como una institución, desde Sevilla hasta Bangkok.

O de una piedra que se convierte en fritura crujiente y cremosa a más no poder.

O de un lugar donde arden las brasas a toda máquina. ¡Es la guerra, más madera!

O de un vino que es como las viejas canciones de Sinatra, un lujo sin horas.

O de una llamada de auxilio como un campano, ¡sálvese quien pueda!

O de un tipo que empaqueta una «radio-fórmula» gastronómica estupenda.

O de un latigazo de frutas tropicales de romper medias de seda y calcetín de lana.
