
O de una fusión de mora, fresa o cereza para lograr el antídoto perfecto.

O de una fusión de mora, fresa o cereza para lograr el antídoto perfecto.

O de una distinguida cocina que esconde el tesoro del Capitán Garfio.

O de un toque de Geijo como acompañamiento de un pollo en salsa blanca.

O de un un señorial y sobrio restaurante donde se rememoran grandes momentos.

O de un caldo de corte clásico al gusto de variopinta clientela.

O de cómo voltear la memoria culinaria con desparpajo.

O de un champagne rosado que es la tentación embotellada.

O de aquella maravillosa cantinela: ¡ama, llévame a Igueldo!
