
O de las atómicas, terapeúticas y universales perversiones gastronómicas.

O de las atómicas, terapeúticas y universales perversiones gastronómicas.

O de un imponente hotel mitad cemento mitad garras de metal.

O de cómo comerse el Urdaibai en dos bocados, zis, zas.

O de una honrada casa de comidas que todo el mundo conoce.

O del verdadero Montseny en su salsa.

O de un apunte escrito por Lorentzo a propósito de un obsesivo compulsivo.
