
O que en el día de la víspera de San Sebastián, viva la anchoa y su templo sagrado.

O que en el día de la víspera de San Sebastián, viva la anchoa y su templo sagrado.

O de un lugar donde zamparse la cocina más rotunda imaginada, auténtica modernidad estereofónica.

O de una posada donde pegarse la vida padre, en las entrañas de Cantabria.

O de una culinaria al límite, fronteriza, explosiva y mestiza como ninguna.

O de una quesería que guarda tanta nataza que mataría de un infarto al mismísimo Mazinger Z.

O de un lugar donde perchas y cestos forman parte del utillaje de cocina más fundamental.

O de un restorán con el más genuino de los pedigrís.

O de que viva el ácido folclórico y todos sus muertos.
