
Cuando comemos una manzana o un melocotón, estamos comiéndonos la placenta de la fruta.

Cuando comemos una manzana o un melocotón, estamos comiéndonos la placenta de la fruta.

O de un lugar que es la cocina con mayúsculas, un edén gastronómico de agárrate y no te menees.

O de un laborioso picoteo pinchado en papel impreso.

O del rumor de la selva con todas sus fieras, un chollazo de vino del copón.

O de un lugar discreto donde oficia un cocinero jabalí, sagaz y noble.

O de una comida en el Kako, que es un sitio sin chorradas que gusta un huevo por estos lares.

O de que me las piro a la ciudad natal del gran Hong Kong Phooey.

O de un pincho finolis que está más bueno que el copón.
