
O de un vino que recoge todos los matices del sotomonte en su regazo cristalino.

O de un vino que recoge todos los matices del sotomonte en su regazo cristalino.

O de un vino que encierra casi el mismo secreto que el de una buena legumbre desgrasada.

O de lo que uno dejó escrito después de que los demás bandidos dijeran lo fundamental.

O de un vino que es como una institución, desde Sevilla hasta Bangkok.

O de un vino que es como las viejas canciones de Sinatra, un lujo sin horas.

O de un latigazo de frutas tropicales de romper medias de seda y calcetín de lana.

O de un albariño distinguido y personal, revestido de barrica de la fina.

O de una aventura riojana que se emite en directo, como los programas de Raffaella Carrà en la tele.
