
El restorán del Marquesado de Bradomín

Llevo muchos años planeando mi jubilación en Andalucía y a este paso, terminaré el resto de mis días en la costa atlántica gallega. Los andaluces son unos fenómenos y me encanta torrarme al sol en alpargatas, pero aquello parece un desierto etíope y los que antaño heredaron casa de veraneo en Cádiz, Huelva o Málaga, se están dando el piro y subiendo al Cantábrico, a dormir a pierna suelta sin aire acondicionado. De entre todos los paisajes posibles, la espléndida y paradisíaca ría de Arousa destaca por ofrecer luz, salitre, papeo, bebercio, quietud y un paisanaje de peña que no sabes si viene o va, con una amabilidad y generosidad fuera de serie.

La caramiña es una planta íntimamente ligada a la flora y la cultura marítima de a Pobra, pequeña localidad que moja sus pies en la ría y comparte territorio con Boiro, Ribeira, Palmeira, Porto do Son, Rianxo o Noia, paraísos en los que las golosinas cuelgan de los árboles y los frutos del mar se apiñan como arrecifes coralinos. Decía Ramón Otero Pedrayo, “allí todo es noble, hasta palaciego y rococó, Puebla del Deán, mocedades feudales educadas cabalgando potros de la Barbanza, y esa sirena heráldica de Sálvora”. Contemplas su paisaje y te cruzas con las mismas almas en pena que trataban con Ramón del Valle Inclán, que para no herir sensibilidades, las mentes más juiciosas perjuran que llegó al mundo en una barca, a mitad de camino entre la vecina Vilagarcía y A Pobra, en esa lengua azul que es el mar tirreno de Arousa, lleno de delfines, laureles y centollas, leviatanes de la ría.

Bienvenidos a una península de Barbanza llena de concellos con referencias literarias y fuente de inspiración artística, por la gracia del paisaje y esa climatología cambiante, que lo mismo arruga el alma o invita a zambullirte en aguas que parecen las de Corfú. Nadie permanece como la mujer de Lot, que miró atrás y se convirtió en sal pétrea, porque las crestas graníticas de A Curota, el mar embravecido que golpea la isla de Rúa, las piedras del dolmen de Axeitos o la procesión ritual de ánimas y mortajas, invitan a la contemplación y charlan contigo, están ahí, les sientes el latido. Y te recuerdan que todo aquello sigue vivo, tiene memoria y desde el fondo de los siglos habla a quien quiera escuchar, ¡quién cojones va a atender con tanto teléfono móvil!

Hay mucha juventud en toda esa geografía que está poniendo patas arriba la hostelería, reconvirtiendo furanchos, tabernas familiares o paradas de mercado en prósperos locales de hostelería 2.0. Sin ir más lejos, Loxe Mareiro en la vecina Carril. Pero siguen pegando fuerte los clásicos como Don Miguel, en pleno Marquesado de Bradomín, pues es vecino de la renacentista Torre Bermúdez en la que vivió Valle Inclán, y tanto su jardín como éste fogón, formaban parte de los dominios del marqués más feo, católico y sentimental de las letras españolas. Vayamos al turrón. El capo de la casa es Pablo Losada, que trabajó de mozo con su padre, marchó a hacer las américas y volvió a tomar las riendas, ya saben aquello de dos gallos en un mismo corral.

Fati corre por las mesas y Lorena, chica del patrón, vino desde el Mar de las Yeguas y aprendió a manejar con soltura moluscos, pescados y crustáceos. Hacía años que no comía un lubrigante tan sabroso, plancheado, aunque la denominación tenga trampa porque lo “fríen” en sartén y “plancha” suena sano, frito engorda más. Somos tontos de remate. Lo abren en dos, le dan candela con un dedo de aceite por el lado de la cáscara en sartén de hierro, y lo voltean para que los corales tuesten y pillen punto cardenalicio, ¡venga, que nos vamos!, troceado va bien chuliño a la bandeja con su portentoso aceitillo, ¡dios! Hacen lo mismo con langostas y ofrecen una carta que son dos papeles escritos a mano con el material del día y sus precios: navaja, nécora, camarón, percebe, pulpo con cachelos, almeja, mero, rodaballo, San Martiño o pámpano. Fumen en la terraza antes de que llegue la prohibición, y sepan que cualquier día los de hacienda cobrarán el uso indiscriminado de más de tres hojas de papel higiénico. Limpiarse el culo saldrá aún más caro, al tiempo. Disfruten, que nos quedan dos telediarios.

Mesón Don Miguel
Castelao 40 – A Pobra do Caramiñal
T. 981 832 105
mesondonmiguel.com
COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Marinero
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia / Negocios
PRECIO *****/*****










