
El chiringuito de Enrique

Al frente de un chiringo siempre hay alguien más listo que el hambre que convirtió la necesidad en modelo de negocio, como diría el típico Cayetano recién licenciado de Confidencial debajo del hombro. Si miras un NODO dedicado a la explosión sesentera del turismo, verás tenderetes en la arena en los que vendían refrescos y botellines con su cocina oculta tras un cañaveral en el que dos gatos despachan paellas, frituras y baldes de gazpacho. Llegó la democracia, desapareció Carmen Collares y se animó el ambiente, los concesionarios se llenaron de clientes deseosos de pilotar “Seats”, “Fords” y “Renoles” para irse a la playa, ponerse en tetas o darse un voltio por la orilla con el fardapollas bien ajustado, a lo Jacques Cousteau.

Aparcamos la fiambrera de filetes empanados y los chiringuitos se transformaron en restoranes de relumbrón con sus cocinas equipadas, mobiliario robusto, equipos de refrigeración, musiquilla a todo trapo y terrazas bien pertrechadas con sombrillas de flecos para hacer el lelo a la sombra. La candidez de aquellas playas abarrotadas de gente currante a remojo se convirtió en barullo de horteras, lerdos, chulos, vagos, maleducados, pastilleros, malcriados y gentes de bien embadurnados de crema, echados al sol, caminando al trote por la orilla o jugando a pala.

Hoy están de moda los lugares recónditos y jugar a ser Robinson Crusoe en busca de acomodo bajo las palmeras, pues todo pichichi aparca el coche al solazo e inicia verdaderas expediciones sembradas de vegetación subtropical para aterrizar en calas de diez metros cuadrados en las que trescientos tontos, tontas y tontes del bote se fotografían con sus teléfonos para presumir de vida padre. Tarda demasiado el meteorito. Los que nos sumergimos en agua salada con precaución, fisgamos los Interviús en tiempos de Naranjito y huimos del pringue de la crema solar con cante a coco, preferimos playas en las que aparcas, andas tres pasos, llegas a la arena y al agua, con un chiringuito cerca para pasar el día amarrado al cañero.

Playa Europa está en los bajos del paseo marítimo de Marbella donde conviven varios restoranes a nivel de playa y lo pilota un artista de la pista, Enrique, el típico retraído y tímido que se despista a posta y desorienta a los comerciales que se acercan de mañana a su local, -“chaval, ¿dónde está tu jefe?”. Gana en la distancia corta y tiene don para organizar su guirigay, tejiendo más fino que Las Hilanderas de Velázquez del Prado. Su “Antonio Pigafetta” es Mario, arena de otro costal, locuaz, brasas, expansivo, desenvuelto, efusivo y dicharachero, el típico valiente que se despide con un chiste espantoso que hace gracia, otro genio y figura.
Levantaron el garito a su imagen y semejanza, buscan producto y su vitrina es un espectáculo, manejan bichos jurásicos y variadas golosinas. Coquinas que vuelven locos a los madrileños porque les flipa chupar y en Ortega y Gasset no pueden porque se pringan la corbata de Loewe. Llevan tártaro de atún rojo, de quisquilla o gamba, pescaíto frito blanco como la patena, pijotas, acedías, boquerones o jurelitos. Espetan sardinas, hurta voraz, pargos, doradas, salmonetes, carabineros, lenguados negros, meros, dentones o lubinas. La carta es inabarcable, parece un Pellaprat o el Práctico de Cocina, manuales con todas las recetas posibles, especie de Historia Natural de Plinio el Viejo, pero de platos del planeta tierra: ensalada de pimientos asados y cebolla, melón con jamón, cóctel de gambas, boquerones y matrimonio, conchas finas, parrillada de verduras, pulpo “kimchee” y gallega, navajas, mejillones al vapor, tortillitas de camarón, cazón en adobo, pescados a la sal, filetitos de solomillo al whisky, conejo al ajillo, pollo a la americana o escalope milanesa. Sales más contento que unas castañuelas. Los camareros son majos, sin pajarita ni chorradas, el que prueba la sangre del Europa se vuelve vampiro, que es lo que le pasa a mi viejo amigo Fernando Berridi, asiduo de la instalación. Allí se junta todo dios en chanclas o bermudas con distintos bolsillos, los hay de morro de champán y cartera de gaseosa, otros amarran los billetes con goma, unos comen ensaladita y espetos y otros, bogavantes de seis kilos. Así es la vida. Disfruten, que nos quedan dos telediarios.
Playa Europa
Playa La Fontanilla s/n – Marbella
T. 952 90 08 23
restauranteplayaeuropa.com
@restauranteplayaeuropa
COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Chiringuito playero
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia
PRECIO ****/*****










