
Un fabuloso fogón en mitad de la nada
La provincia de Salamanca es un paraíso terrenal que reúne en su geografía una variopinta tipología de paisanos y paisajes, atesorando dehesas, prados, collados, serranías, regatos, riachuelos y hasta universidad de pedigrí en la que sentó cátedra aquel fraile agustino enchironado por la inquisición que reanudó sus clases después de cumplir condena “como decíamos ayer”, ignorando su cautiverio para envalentonarse ante sus alumnos. No pasa nada, tenemos a Arconada y a Fray Luis de León. Empiezo dispersándome, pero les centro así el balón para justificarles que José Antonio Benito, patrón de esta casa, es un astronauta que dicta cátedra en mitad de la nada, pues Casa Pacheco está frente a la CL-512 en la localidad de Vecinos, estratégicamente colocada a algunos kilómetros de la capital del mundo del cochino ibérico, Guijuelo, y a mitad de camino entre la capital y Tamames, Linares de Riofrío o La Alberca.
Gestiona su tenderete con marcada personalidad y pega pases como los toreros buenos, es casta, terco, artista de la pista e inconformista, tiene vergüenza torera, valor a todas pruebas, constancia y disciplina en su tarea. Se viste de luces para ofrecer lo mejor a la clientela que aterriza los días de labor con su corbata anudada, o el fin de semana con la familia en pantalón y camisa, para calzarse una buena carne o cualquier estofado. Se lo curra con una puesta en escena cuidadísima y un fogón chiquito pero matón, seleccionando el material para Cristina y Adela, sus guisanderas. El diestro Ginés Marín dice que busques sitios con fotos de toreros si quieres comer bien, y esta casa lo confirma, pues de sus paredes cuelgan dibujos, retratos y objetos personales del grandísimo Julio Robles, el maestro que después de torear en Pamplona y Santander, resultó gravemente herido en la plaza de Béziers al ser volteado por “Timador”, un toro de Cayetano Muñoz. Hoy es historia del toreo.
Cambiando de tercio, en Vecinos está la panadería de Rafi y Joaquín, que hornean un hornazo de categoría que es un pastelón relleno de lomo, jamón, chorizo y huevo duro que los salmantinos llevan a los tendidos, a las capeas o al campo. Y a pocos metros está otra institución, el hotel Portón, en el que se reúnen los ganaderos locales para hacer piña y defender nuestros intereses, pues no olviden jamás que nos dan de comer, velan por el ecosistema y son garantes de lo verde que tanto nos preocupa. El campo se cuida en el campo, madrugando, plantando cereal y ensilándolo para dárselo al ganado, dejando tierras en barbecho, cuidando regadíos y manteniendo las praderas para que crezca hierba fresca, que es sustento principal de los animales de la dehesa.
El solomillo de Morucha que sirve José Antonio en Casa Pacheco bien podrían proveerlo Ramón o José Luis, dos ganaderos de los muchos que habitan Valderrodrigo o El Gejo de los Reyes, cerca de Vitigudino, en la comarca del Ledesma. Se parten el morro por sus ovejas lecheras, en una explotación con mulas, gallinas, cochinos, mastines y vacas de capa negra y cárdenas, casi en peligro de extinción por su bajo rendimiento y caderas estrechas, que ofrecen en la sartén cortes de infarto. Si te das un voltio con ellos por sus dominios alucinas escuchándolos porque saben lo que vale un peine y son capaces de traducirte todas esas señales que la naturaleza emite y no ves, por muy cocinerito y activista que seas, así de clarinete. Finalicemos esta crónica hincándole el diente a este restorán que ofrece chacina de otro planeta para ir abriendo boca. Los nativos están acostumbrados a esos cortes infiltrados de grasa, pero los forasteros perdemos el aliento cuando nos plantan esas lonchas de coppa, papada o chorizo de maese Joselito.
Enmudecemos. Las labores de sala las resuelven el patrón y el joven Kevin, colocando sobre el mantel delicias como croquetas, tártaro de salchichón o el tradicional de lomo bajo de chuletero y solomillo, aliñado con pringue de mostaza. Los guisos son colosales, lentejas pardinas con picadillo de chorizo, alubia blanca con rabo y pata de ternera o garbanzos pedrosillanos con callos y pimentón de la Vera. No se vayan sin probar los postres, simples, suculentos y bien ejecutados: flan denso, queso cuajado, tocino de cielo, crema de chocolate con aceite de oliva y helado de galleta María. Disfruten, que nos quedan dos telediarios.
Casa Pacheco
Avenida Peña de Francia 12 – Vecinos – Salamanca
T. 923 382 169
restaurantecasapacheco.com
@casapachecorestaurante
COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Campestre
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia / Negocios
PRECIO *****/*****










