Molletes “Máximo”

En las películas de Woody Allen siempre hay algún picha brava atormentado que lloriquea por haber perdido a su chica, surfeando en el sostén de alguna lagarta. El que no llora no mama, pero a veces tanta lágrima da bastante grima y pereza infinita.

Las redes sociales las carga el demonio, pero en él, también está dios y el buen punto de las gentes que en vez de moquear como plañideras tirándose los trastos a la cabeza, golpean en tu puerta con educado disimulo plantándose ante ti con ilusión infinita y muchas ganas de complacerte con un cargamento de oro, incienso y mirra.

Así que viva la madre que parió a Pedro, quinta generación familiar al cargo del obrador de la panadería “Máximo”, sita en la calle Fuentes número treinta y cuatro de la localidad malagueña de Benaoján por colarme en la tostadora una torta inmensa de chicharrones y unos molletes de la talla del estadio La Rosaleda, mullidos, tersos y de miga prieta que saben de miedo preñados de todo lo que uno pueda imaginar.

Lo mismo dan onzas de chocolate que chorrazo de aceite de oliva virgen extra, sardinillas picantes, mortadela guarra, queso curado, sobrasada, jamón cocido con mucha mantequilla o esa cabeza de jabalí cortada gruesa con un buen pegote de mahonesa.

Panadería “Máximo” – Benaoján – Málaga

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