Sobaos pasiegos “Diego”

Varios descubrimientos de crío cambiaron mi manera de vivir y centro la jugada en un anuncio de desodorante “Fa” en la televisión francesa que mostraba dos tetazas deslumbrantes, que me dieron mil vueltas a la cabeza. Estudiaba en un colegio religioso y lo más parecido a esa maravilla era el bocadillo de chorizo de Pamplona con mantequilla que me empujaba pasando las hojas del Interviú, así de ingenua era mi existencia, aunque cierto es que tenía diez años recién cumplidos.

Luego descubrí la papilla de miel y doce cereales de mi hermana Elena y hacía con ella unos engrudos orgásmicos con leche fría. Más tarde, aterrizaron las galletas “Napolitanas” de azúcar y canela, que eran más sofisticadas y un escalón más elevado en la línea de evolución galletera, aunque no le hacía ascos a las “María” doradas, las “Artinata”, “Chiquilines” o unas llamadas “Pepito”, forradas de chocolate.

Pero un buen día tropecé con un bloque amarillo de sobao pasiego y se hizo la luz, se me abrió el cielo y los tazones del desayuno se vaciaban a la misma velocidad que los cohetes navegan por el espacio, ¡a toda leche! La papiroflexia es un arte japonés ridículo que gracias a los cantabrones está justificada, pues no hay mejor forma de rellenar un papel redoblado enfermizamente que con esa masa golfa y descarada del sobao, que cuenta con la mantequilla pasiega como uno de sus principales ingredientes junto a azúcar, huevos y harina fina de trigo.

Los del amigo Diego los elaboran en la localidad de Hoznayo y están prietos, son generosos, dulces y muy esponjosos, fieles a la tradición de la casa, que los hornea de manera artesanal junto a otras especialidades como quesadas, pastas, corbatas de Unquera o rocas del Miera, ¡viva la grasilla!

www.sobaoscantabria.es

Deja un comentario