
O de un lugar en el que no hay días, ni horas.

O de un lugar en el que no hay días, ni horas.

O de una carne mantecosa a más no poder.

O de un blog recién parido que no cabe en el mapa.

O de otra crónica de una jamada gloriosa entre amigos.

O de comerla a solas, pues compartirla es un acto íntimo que no debe consentirse a la ligera.

O de una jamada tan inmensa que las Bodas de Caná, comparando, son merienda cena.

Mira tú por dónde.

El arte gastronómico de las profundidades.
