
El txakolindegi de los Zendoia Etxezarreta
Doy más vueltas que el baúl de la Piquer y muchos locales que aquí reseño me los encuentro allá donde el curro me lleva, por tierra, mar o aire. Intento escaquearme un buen rato de mis obligaciones preguntando al nativo dónde papea y allá voy, muchas veces sin reservar y a la brava. Caigo en gracia porque entro saludando por la cocina a la plantilla, así que me sientan casi siempre en palco preferente, pocas veces planeo mis excursiones y así llevo años contándoles mis aventuras. Mal, no vamos, así que saludo afectuosamente a los editores de este periódico que aguantan pacientemente mis resbalones escritos, y a todos ustedes, que soportan mis monsergas.
Tengo pandillas con las que lo paso pipa yendo a comer. Una es mi cuadrilla de “casquetosos” vejestorios muy divertidos, que a veces cuentan con la participación estelar de Martín Berasategui y José Borrella, que se descojonan a mandíbula batiente con las ocurrencias de Txokolo, Fernando “vinagres” o Julianmari sacando fotos como un japonés y bebiendo champán haciendo gárgaras, enjuagándose la boca, señal inequívoca de que tiene más años que Akenatón y se lo puede permitir, “desde un ancla hasta un condón, Suministros Poseidón”. Y otra panda es la chavalada, pues nada me gusta más que entusiasmar a mis sobrinos con la posibilidad de llevarlos a jamar.
Tengo dos ahijados, Telma y Telmo, además de un hijo putativo llamado Nicolás, así que fuimos el otro día al Katxiña y gozamos. La víspera me pongo nerviosísimo con el plan y en cuanto me despierto y tomo conciencia de que llegó el día, lo saboreo pensando en la farra que será ir a buscarlos, poner la trona para que la cría no se me salga en las curvas y conducir cantando a grito pelado, planeando la jamada y cómo lo vamos a pasar, ¡teta! Philippe Delerm dice que el primer trago de cerveza empieza antes de deslizarlo por el gaznate y razón no le falta, aunque sea francés. De joven leí las escapadas francesas de Peter Mayle e idealicé ríos de vino y cofrades jurando fidelidad a un queso o una salchicha, ¡divina inocencia! Menudo chasco es envejecer y comprobar que el “Beaujolais nouveau” es imbebible o que esos “caspas” que se pasean con sus capas son unos pelmas, ¡menudo circo el de la gastronomía!
Vayamos al turrón, que no es otra cosa que aterrizar en un tinglado como el de la familia Zendoia Etxezarreta, que llevan toda la vida currando y reclamando la atención de sus clientes con el olor de sus parrillas. No conformes con ejercer de hosteleros, compaginan su tarea con el desvelo propio del agricultor, pues poseen ocho hectáreas de viñedo que abrazan al majestuoso caserón del barrio de Ortzaika. Allá me planto con los chavales, que otean el horizonte y dicen “fijo que aquí hoy vemos a algún famoso”, genio y figura hasta la sepultura, ¡juventud con pegada! Bebo un txakolí fresco y delicioso y brindamos, “joé cómo está el Aquarius de limón”, dice la Telma.
Katxiña es una casa mayúscula que no se amilana con los servicios a la carta o los banquetes, cuidan que no se resienta la calidad del alimento y del servicio, resolviendo los deslices con sonrisa franca y un salero extraordinario. Iñaki, Izaskun y los patriarcas, perejiles de toda esta salsa, dirigen a un equipo bravo de sala y cocina que alternan el guiso fraguado en el fondo del puchero con la atención y el cuidado de los asados a la brasa. No fallan las raciones generosas de chacina ibérica, la anchoílla en aceite o la ventresca de bonito con pimientos y cebolleta. Los clásicos que no deben faltar son la ensalada de bogavante con vinagreta de tomate, las croquetas de Pili, las almejas a la brasa o los chipirones encebollados. Mis chavales mastican a dos carrillos, da gusto verlos, ¡qué felicidad! Sobre las brasas se achicharran y tuestan bogavantes, rodaballos, besugos, virreyes y chuletas. No hay mayor satisfacción que verlos comiendo y disfrutando, con la servilleta anudada al cuello. Quieren probar el vino y mojarse los labios para sentirse mayores, sin saber aún que es un placer amargo porque muchos beben demasiado para olvidar el primer trago. No es nuestro caso, ¡aúpa Katxiña! Telma, Telmo, Nicolás, os quiero un huevo. Disfruten, que nos quedan dos telediarios.
Katxiña
Barrio Ortzaika 20 – Orio
T. 943 580 166
bodegakatxina.com
@bodega_katxina
COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Campestre
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia
PRECIO *****/*****










