
Casa de comidas de altos vuelos
Si un tasco no me mola, no lo saco en estas páginas del zampe y así no le hago perder el tiempo a nadie, ni a ustedes, ni a mis compañeros de redacción que se lo curran para disparar las fotos y trasplantar mis textos para que luzcan en papel. Después imprimen el diario en la rotativa, cárgalo en furgonetas y transpórtalo para que llegue lo más fresco posible al quiosco y lo pueda leer todo pichichi. Un lío de tres pares. Estoy hecho un cascarrias, pero intento estar a la altura de esta cabecera recomendando garitos con la mayor socarronería, sentido del humor y esa verborrea reivindicativa que te asalta en cualquier párrafo, donde menos lo esperas. Es la marca de la casa. Para que no quepa ninguna duda, en Masta se come fabulosamente. Es incuestionable. Están recibiendo premios merecidísimos tras unos años quemándose las pestañas al fuego, y la prensa especializada se derrite elogiando su propuesta. Si no lo conocen, vayan.

Comí y gocé tanto allá que no intercambié una sola palabra, siempre tiro de la lengua para escribirles estas cuartillas, pero andaban atareados y corriendo de un lado para otro atendiendo sus mesas. Disfrutamos como reyes, pagamos y salimos escopeteados. Solo pregunté a cuento de qué “Masta” y resulta que es un homenaje a la mar. Rascan el culo de los pucheros y por lo que leí y comprobé masticando, curraron en grandes casas y se les ven las costuras en las formas, los puntos de cocción, las salsas, las guarniciones y los emplatados. Hay muchos locales así con gente al frente muy capaz, que además de experiencia, atesoran paladar y sensibilidad para ejecutar platillos mayúsculos. Me quito el sombrero. Nosotros a esas edades andábamos con ensaladas templadas, sorbetes salados, rellenando pimientos del piquillo con farsas inverosímiles o montando jardines sobre bases gustosas, gelatinas o jugos, desparramando brotes de perifollo y cebollino. Las nuevas generaciones saben chino cantonés.

Ahora bien, vivimos tiempos complicados en los que muchos se abren camino colonizando viejos locales cerrados de baretos o restoranes tradicionales, dándoles un lavado de cara y tirando millas. Me flipa comer de cine en establecimientos de cocina diminuta que conservan barra, taburetes o apliques rococós y en el que curran atrincherados para sacar cada servicio. En Masta rematan algunos platos en barra y donde antes hubo vasos, bayetas, cubiteras con hielo y recipientes con olivas y rodajas de naranja para marianitos, ahora hay fuegos de inducción o “mise en place” para despachar todas sus especialidades. En este caso, platos “cumbre” que podrían servirse en restaurantazos, un rape “alangostado” con espinacas a la crema, ¡menudo desfás!, o una panna cotta desparramada, ¡la mejor que comí jamás!

Como reflexión final diré que nos apropiamos del cansancio de nuestros padres y abuelos y es bien lícito, faltaría más, pero trabajando lo justo nos lucirá mucho menos la melena. Derrapamos si pisamos mal el acelerador y escuchamos esa cantinela hostelera de “no hay gente” o “nadie quiere trabajar”, así que redujimos la velocidad pensando “ya hago bastante”, y así es, pero currando cuatro días, no podremos mantener este mundo tan cómodo que parieron nuestros mayores trabajando como mulas. Si mi padre se levantara de la tumba nos explicaría a todos detalladamente que para seguir viviendo así tendremos que esforzarnos muchísimo más, ¡pobrecico! A no ser que seas heredero y puedas vivir sin trabajar, como decía Fernando Fernán Gómez, “estoy muy capacitado para no hacer nada y estaría encantado de no pegar un palo al agua”. Con juventud aguantas todo, pero un día flaquean las rodillas, te duele la espalda, te empiezan a molestar las gracietas de tus socios y si el esfuerzo no renta con holgura y no suena la billetera, acabas bajando la persiana. Ojalá no sea el caso de este establecimiento zarauztarra, al que deseo prosperidad para seguir disfrutando de todos esos platillos que cambian prácticamente a diario, como en un “bouchon” lionés: Cogollo a la brasa, grasa de chuleta y anchoa, Coliflor a la importancia, lubina salvaje y gaztazaharra, Revuelto de champiñón botón y carabinero, Puerro, romesco y fondo de jamón, Cardos, alcachofas y crema de castañas o las celebérrimas Albóndigas de jabalí, jugosas y adictivas. Disfruten, que nos quedan dos telediarios.

Masta
Azara 1 – Zarautz
T. 943 031 722
@masta.zarautz
COCINA Sport elegante
AMBIENTE Tasca modernita
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia
PRECIO ****/*****










