Álvarez Gómez “verbena y azahar”

Está de moda el mariconeo masculino, que consiste en acicalarse la barba y estar todo el día pendiente de uno mismo, alimentando las cutículas, echándose cremas, hidratándose la poblada cabellera el que la tenga o calzando esos zapatitos horrorosos de cordones y chúpame la punta que algunos combinan con el típico pantalón pitillo con el dobladillo listo para pescar ranas, ¡menudos pintamonas!

Toda la vida me lavé la huevada con pastilla de jabón de mano con aroma de lavanda, que se adapta deliciosamente a todas las curvas y desliza que es una maravilla tanto por el ojal como por la sobaquera. Mi padre usaba crema de afeitar que convertía en espuma con una brocha del año de la polka y se perfumaba con un frasco verde de agua de colonia que olía a naranjas, paraguayos y centollas, pues era una mezcla de frutero y yodo marinero.

No está uno para boberías y aunque cada vez pase más tiempo sentado en la taza porque es un dramón hacer de vientre, sigo fiel en el aseo a la tradición de perfumarme a chorro con Álvarez Gómez, que es sinónimo de tradición, distinción y estilo propio desde hace más de cien años.

Su producto estrella es esa mezcla adictiva de agua de colonia centro europea que apesta a limón, bergamota y flores de geranio y te transforma en un periquete en un ser limpio, refrescante y puro como un bebé recién bañado, pero si se riegan a chorro con esta nueva fragancia cocinada con verbena limonera y flor de azahar, ligarán como Alain Delon y sentirán el porrazo fresco de un jardín de hierbas aromáticas pintado por Fragonard.

www.alvarezgomez.com

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