Jaizkibel

Descanso y buena cocina
Un establecimiento parido a imagen y semejanza de sus propietarios, Marga y Diego

Como ya les conté la semana pasada, Christine Guérard, la musa e inspiradora del universo Eugénie-les-Bains, falleció dejando un legado que será la mejor herencia para todos aquellos que aman el estilo y el saber vivir a la francesa. Mujer de acción, trasladó todas sus inquietudes personales y su particular gusto exquisito a su imperio hotelero, cuya joya es Les Prés d’Eugénie, donde su marido, Michel Guérard, estuvo todo este año celebrando con su equipo, clientes y amigos, la friolera de cuarenta años sucesivos ostentando las tres estrellas de la guía Michelin.

La decoración “segundo imperio”, la indescriptible y extraordinaria “Ferme Thermale”, la “Maison Rose”, o la “Ferme aux Grives”, verdaderos paraísos terrenales creados para apabullar a miles de golosos y epicúreos llegados desde todos los lugares del planeta, fueron obras paridas y levantadas a imagen y semejanza de los escenarios, usos, hábitos y costumbres domésticas de una mujer que enamoró a uno de los cocineros más creativos del siglo veinte y supo convencerlo para imaginar juntos, en 1974, el primer pueblo termal instalado desde entonces en el corazón de la Chalosse.

Les cuento todo esto para explicarles que existen negocios y establecimientos brillantes que son la prolongación de una manera de ser, recibir, imaginar y vivir de quienes los gestionan. Cuando las barreras son casi inexistentes entre el paisaje familiar y particular de un empresario y el negocio que atiende, surge entonces la magia y todo adquiere el brillo y ese toque excepcional de una “gran casa”. Y puede ocurrir en un tasco, no todo es oropel, o en una fantástica cervecera de inspiración industrial, reflejo de un empresario urbanita, electrónico e inoxidable, o como en el lugar que hoy nos entretiene, el hotel Jaizkibel, casa de Marga Gaztañaga y Diego Rodríguez, que es la interpretación de una manera de vivir reflejada en la arquitectura, los cálidos espacios, la decoración, los fogones, las cómodas habitaciones y un pedazo de jardín, que no es otra cosa que la prolongación del de la casa familiar de Beraun, uno de los más preciosos de Gipuzkoa.

A la familia Rodríguez Gaztañaga muchos la conocen como “los de Remelluri”, apelativo cariñoso que refleja una geografía y una bodega en la que la cultura, la sensibilidad y la historia se reúnen en las copas y en cada rincón de la finca. Dormir allá a pierna suelta, bajo vigas centenarias y vistas al jardín del árbol verde encantado o disfrutar de un opíparo festín de cocina de la tierra, es una experiencia vital que refleja la forma de vivir de una familia, como les dije al comienzo. Por eso, el Jaizkibel pertenece a ese mismo tronco y sus ramas tienen el brillo y la luz que irradia un equipo gestionado por Sara, Rebeca y Jaime, responsables de recepción y administración, Consuelo, maestra gobernanta, Igor Fernández a los mandos de la cocina, Arantxa, jefa de barra y eventos y un recién incorporado Ion Dorronsoro, responsable de sala y custodio de una bodega que alberga una selecta y personal colección de botellas de diferentes estilos, gustos y orígenes: desde grandes elaboradores nacionales e internacionales de Rioja, Priorat, Champagne o Borgoña, a pequeños y singulares productores de zonas más desconocidas.

El hotel ocupa la finca de la derruida Villa Mendi-Alde o “casa del alemán”, rodeada de castaños, cerezos, hortensias y un cedro fabuloso que es vigía silencioso, ubicado en una atalaya que ofrece campo y naturaleza caprichosa, mar, descanso y gastronomía. Disfruten por tanto de la vida y de tanta hermosura y vuelen hasta allá para gozar de cualquiera de sus veinticuatro habitaciones y su restorán, que propone una carta sin pretensión alguna. Comerán fabulosamente componiendo un menú con platos la mar de sugerentes, buen jamón ibérico, ensalada de tomates tardíos bien pringados de cebolleta y aceite, setas guisadas con cebolleta pochada, carpaccio de gambas, huevo termal con pastel de patata y ravioli de setas, un ajoarriero desmontado que rompe la pana, el pisto sofrito en la base coronado por unas lascas de bacalao sonrosadas y bañadas en salsa pil pil que son puro desmelene, merluza albardada con panceta y espinacas o un postre de yema de huevo que es un canto a la gula y a la sabrosura más elemental. En definitiva, cocina conclusiva de mecha larga y sin fuegos de artificio, que asegura paz, sosiego y sobremesa relajada.

El punto fuerte del Jaizkibel es la celebración de bodas, pues coordinan semejante tinglado en continuo contacto con las parejas, buscándoles encaje perfecto y un toque personalizado en cada una de las ceremonias de relumbrón que organizan en el jardín. Además, su propuesta no se limita única y exclusivamente al banquete, sino que aloja a familiares e invitados, convirtiendo el acontecimiento en farra para todo el fin de semana, en una terraza que es remate perfecto para gozar como Amancio el de Zara en la boda de su hija.

Jaizkibel
Baserritar Etorbidea 1, Hondarribia
Tel.: 943 64 60 40
www.hoteljaizkibel.com

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Campestre
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia / Negocios
PRECIO 45 €

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