Un chef entre bandejas

Archivado en: Alíñame el día

O de otro apunte escrito por el gran Pol-al-pil-pil a propósito de un horno.

Me levanto deprisa, exaltado creyendo llegar tarde al curro, pego un bote y ya estoy de pie, voy hacia el baño con el gorro de cocina puesto, abro el grifo y tiro agua por mi cara, desenfundo el cepillo y le unto pasta por la parte que no toca, el dorso. Me cepillo rápidamente, hoy no me puedo dar el lujo de recrearme los veinte segundos con el oraldine. Tampoco podré afeitarme, Dios, hoy el chef me mata, espero no quemar nada, sino, tendré que soportar una buena tormenta y, encima, en francés, nada fácil… salgo del baño ya sin gayumbos y me tiro en la cama para agarrar uno del cajón de los limpios.

En diez segundos, me he quitado la ropa interior, puesto una nueva, los pantalones y ya voy por la camiseta, mi aspecto debe ser horroroso, cojo la mochila, cargo chaquetilla planchada y calcetines y ya estoy abriendo la puerta para salir; en el rellano hay dos suecas y el portero que me observan, miro el reloj del teléfono, las 05:36, ¡seré memo!, todavía quedan dos horas de sueño, ¡collons!, ¡que ruc que sóc!, ala, a dormir otra vez, por lo menos tengo ya la mochila cargada, los gayumbos limpios y el gorro de cocina puesto.

Ahora suena el teléfono, creo que es el despertador otra vez, pero al mirar la pantalla veo que es mi abuela, todavía no sabe a qué horas se me puede llamar, son las 06:27, me queda una hora. Duermo.

Estoy en el obrador, con los hornos en los que me encargo. De una banda tengo eclairs cociendo, en el de abajo tengo los profiteroles y los choux individuales, en el giratorio hay: dos placas con las bases para tarta de seis personas, una con las de cuatro, cuatro con las individuales de limón y chocolate, dos con las sablée para base sin bordes, todas con diferentes tiempos de cocción. En los hornos grandes tengo que organizarme para cocer mas placas de eclairs, esta gente ya me está presionando que los quieren ¡ya!, en el otro giratorio tengo que cocer la bretona para individuales, de cuatro, de seis y de ocho, total, otro carro lleno.

Pasa el rato, los hornos empiezan a pitar, pitar, pitar… los timers pegados a la chaquetilla se animan al concierto. Saco los primeros eclairs, voy a por la segunda tirada. A los profiteroles les quedan cinco minutos. Voy al giratorio. Dos placas están oscuras, las otras ni tan siquiera han cogido color. Saco las cocidas, le doy seis más al resto. Me chillan de la otra parte, un horno esta pitando. Voy para allá, son las bretonas, tengo que abrir el horno para que baje la temperatura, ya están doradas, les doy la segunda cocción, ahora uniforme, pero que no se sequen del todo.

Mientras estoy con las bretonas oigo al chef a lo lejos y veo su cabeza que se deforma en león sicótico y se alarga hasta llegar donde estoy yo, pasando por pasillos hasta mi oreja y chillando, ¡MERDE!, ¡MERDE!, ¡MERDE!. ¡POOOOOOOOOOOOL!, ay Dios, ¿que he hecho? Este tío, de una patada, me manda a Sort, a casita directo, eso si no me arranca la cabeza de un mordisco antes… cómo ruge el gabacho.

Se han quemado los profiteroles y no hay mas placas en stock, lo que quiere decir que por mi culpa, hoy saldremos mas tarde. Rezo para no quemar nada más y luego pienso en los hijoputa de los profiteroles, han esperado a que me fuera, para en dos minutos, carbonizarse. Los veo allí, en las bandejas, riéndose entre ellos.

Las bretonas me llaman, ¡¿PoL?!, ¡¿pooOL?! Yuhuuuu, estamos liiiistas. Saco el carro, pongo los bandejas en la mesa de acero y aprisiono la masa para que queden planas y lisas lo mas rápido posible, para que no se enfríen y pueda sacar los moldes con el trapo.

Mientras, vuelven a sonar los timers y el horno giratorio pequeño, ¡HOSTIA!, me doy caña y dejo sonar el horno a sabiendas de que alguien me va a chillar otra vez por esto. Voy para allá, saco el carro, las sablée están geniales, color avellana. Entonces me doy cuenta que un timer, el que llevo pegado en el bolsillo trasero, no parpadea y sigue con el mismo tiempo en la pantalla. No lo he dado al START. En ese momento, empiezo a sudar y, me veo a mi mismo derritiéndome y deformando mi vista con las manos en la cabeza como en la pintura de el grito de Munch y en mi mirada veo los jodidos timers doblándose como en la persistencia de la memoria de Dalí, pero entonces oigo otro pip-pip-pip-pip que me hace abrir los ojos y ver que estoy en la cama, son las siete de la tarde y tengo que prepararme para ir al trabajo.

Hoy, le he regalado a la empresa incluso mis sueños… espero no quemar nada y salir pronto, necesito dormir bien.

Un abrazo y, hasta la próxima,

Escrito por Pol-al-pil-pil.

Pincha AQUÍ si quieres leer la anterior entrega de Pol.

Crédito fotográfico by JoseJL, jakeliefer & Food Lovers Odyssey

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4 comentarios en “Un chef entre bandejas

  1. DIMONIVERMELL

    ets un PUTO CRACK animaló jajjjajaa, no pares sigue sigue, me fas trempar als dematis llegint aguestes aventures jajjaja, salut i feina POL-LITO

  2. josep

    La tensión de FOUCHON te sigue las 24 horas , esto se llama integración total , welcome a la vida gastronomica , jejeje …

  3. Xavi

    Saludos Pol,

    Somos colegas de trabajo en cierta manera. Tu en Lutecia y yo en Aquitania. Lo que esta claro es que la jerarquía militar que se respira en tales brigadas, corta el hipo. Se de lo que hablo…

    Suerte en tus aventuras, i com diem allà baix, molta merda!

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