
O de un latigazo de frutas tropicales de romper medias de seda y calcetín de lana.

O de un latigazo de frutas tropicales de romper medias de seda y calcetín de lana.

O de un albariño distinguido y personal, revestido de barrica de la fina.

O de una aventura riojana que se emite en directo, como los programas de Raffaella Carrà en la tele.

O de un vino que es como un electroshock, volcánico y denso, pura explosión mallorquina.

O de un lugar como de película de Louis de Funès, en el que se celebra la vida y te lo pasas teta.

O de un tipo que escribe como «El Fundi» coloca banderillas, con cojones y un palo mirando a Cuenca.

O de un Ribera más chulo que un ocho hecho a plumilla, elegante y distinguido como pocos.

O de una escritora francesa que ofrece libros desgarrados, tejidos con humor y sarcasmo.
