
Seamos claros: el vino ha muerto.

Seamos claros: el vino ha muerto.

O de un setero como la copa de un pino, de los que no abundan.
O de las desventuras de Pakito el latero, en una producción de «Los apañaos productions».

O de un lugar en el que antes de dibujar en el plato gastan culo de cazuela de lo lindo.

O de una Virginia, la de la foto, que tiene también «tetas literarias».

O de los devaneos nocturnos de un maestro del diseño internacional.

O de un vino nacido en un año en el que todo salió a pedir de boca. La mini loto de la uva o así.

O de unas crónicas gastronómicas saladas, que también tendrán su aquel.
