Tragabuches

Honesto y andaluz

Cuando conocí a Dani García era un chaval pequeño con pinta de bruto, retaco, de espaldas anchas y la típica constitución que si lo pilla por banda Serge Blanco, lo trinca para repartir estopa en sus melés. Le echó un par viajando a Lasarte con su amigo José Carlos García en busca de fortuna, como los marineros que iban a Molucas a por clavo, esa especia misteriosa que hoy venden en Pryca y mi abuela enterraba en su pollo en salsa. Dani encontró en Berasategui el tesoro de la superación diaria y ese veneno que algunos privilegiados desarrollan para liarse la manta constantemente, “esto está muy bueno”, dicen, mientras mastican a dos carrillos, “pero podría estar mejor”.

Es cumbre que muchos años más tarde, Dani homenajee a su maestro y lo reconozca en su propia casa marbellí de Puente Romano, junto a un puñado de colegas del gremio, celebrando juntos el cincuenta aniversario en el fogón del gran Martín, ¡menudo despliegue! Todavía recuerdo los años en los que a las juventudes cocineras se les daba estopa a cal y canto, que es algo que aún hoy algunos practican, esa costumbre de la vieja escuela periodística de sodomizar al jovenzuelo chef para tenerlo cautivo a su merced: que si el pan es de cuatro sobre diez, los baños no huelen a guindas confitadas o la abuela fuma tabaco perfumado en narguilé. Muy chungo.

Estuve en el viejo Tragabuches rondeño en los tiempos de Mambrú y al bueno de Dani le cantaban coplas porque volvía del revés las sopas frías y los aliños, convirtiéndolos en nieve, granizado, bolitas de hielo o palomitas congeladas, transformando pucheros, sopas moras, sofritos de caracolillos o gazpachuelos en estampados de patchwork. Su punto de partida eran los guisos y los mismos platillos que se metería entre pecho y espalda el bandido Diego Corrientes, cuando muerto de hambre se pondría a cubierto para trincarse un cuartillo de sopa. La fiebre por el bandolerismo la pillé en aquel viaje, léanse las memorias de El Vivillo editadas por Renacimiento y que tome nota la peña sociata encarcelada, “una mujer fue la causa de mi perdición primera, que no hay desgracia en el mundo que por mujeres no venga”.

Largo aquí mi brasa de yayo malayo para contarles que comí estupendamente en este renovado Tragabuches dos punto cero, tasco de lujo plantado en la milla de oro malagueña. Pero antes de rematar esta crónica sin pies ni cabeza es de ley recordarles que Tragabuches fue un gitano de apetito voraz que abandonó a su mujer Catalina para escapar con María “La Nena”, una bailaora envidiada por todas las solteronas que mataban las horas tejiendo infundios de amantes burlados y malqueridas infieles. La tía metió un día en su alcoba a Pepe “El Listillo”, aprovechando que su chico cabalgaba rumbo a Málaga para ver torear a José Romero. Por un revés del destino regresó a casa antes de tiempo, pillándolos en mitad de la jodienda: sacó su cuchillo de la faja, tajó a Pepe en canal, tiró a La Nena por el balcón y dedicó el resto de su vida a escapar de la justicia junto a los Siete Niños de Écija. Es fácil intuir la moraleja, no se metan jamás en belenes con gachí ajena, domen su pito.

Dani rinde honor al personaje montando locales en los que se te hace la boca agua nada más entrar, convirtiendo los recibidores en exposiciones de joyería fina llenas de patas de jamón ibérico, gambas de todos los colores y formas, cigalas descomunales, conchas finas, almejas, salmonetes carmesíes, pargos, corvinas, gallinetas o lenguados tabla en los que podría surfear Ibon Amatriain. Si vas con críos te los entretienen para que comas tranquilo y los chavales socializan, se lo pasan pipa y aprenden idiomas, porque la guardería parece la Torre de Babel. Puedes reservar en mesa o en barra y sentirte guiri viendo como el cortador rebana chaflas de jamón, paleta, lomito de presa, salchichón o chorizo ibérico. También hay un reservado que es gloria, en el que puedes calzarte su listado de gloriosas especialidades: gildas, ostras naturales, anchoas de Santoña, salpicón de pulpo, tártaro con alcaparrones de Jaén, aguacate con langostinos de Sanlúcar en salsa rosa, tomate con atún rojo, croquetas de jamón ibérico, calamar frito en anillas y alioli de adobo, gamba cristal con huevo y caviar, lomo de lubina, urta de Conil, besugo de La Pinta o rodaballo a la brasa. Aprovechan las ascuas para achicharrar contramuslos de pollo adobado, presa de cerdo ibérico con pimientos asados, chivo lechal o chuleta de rubia Gallega. Disfruten, que nos quedan dos telediarios.

Tragabuches
Ana de Austria 2 – Marbella
T. 952 814 446
grupodanigarcia.com
@tragabuches.danigarcia

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Modernito marbellí
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia / Negocios
PRECIO *****/*****

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