Cachetero Comidas

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Los clásicos nunca mueren.


Un garito riojano que invita a la conversación pausada y al alborozo del festejo familiar.

cacharrero_13Si uno se acerca cualquier noche de verano a la calle Laurel de Logroño alucinará con el gentío que por allí se mueve, un hervidero exultante pero sobre todo terriblemente hambriento y sediento. La susodicha callejuela es un despiporre de bares y restoranes a cada paso, auténtica Sodoma y Gomorra hostelera de la que es imposible abstraerse.  Si usted ha osado metiendo sus patitas en ella, caerá en el exceso cual pecador de la pradera, no podrá evitarlo, por sus venas correrá el vino como en “la gran comilona” de Marco Ferreri y la panza se le inflará como a Gargantúa, llena de infinitos bocados a cada cual más gorduno y apetitoso, ¡viva el vicio, Mauricio!

Si a uno se le antoja sentar sus reales y tomarse la cosa con más calma, lo mejor es elegir restorán de confianza y olvidarse de andar a codazo limpio para alcanzar la caña de turno en barras atestadas, en su mayoría, hasta el mismísimo cipote. Si hay un lugar emblemático en esta calle ese es el Cachetero, fundado en 1903 por Silviano Arechinolaza y Ezequiela Barrio, en sus mesas gozaron y comieron a dos carrillos personalidades como Miguel Delibes, Jacinto Benavente, Ernesto Hemingway, Celia Gámez o Antonio Ordoñez, entre tantos otros, lo que nos lleva a pensar, a sí a voz de pronto, que los grandes artistas valoran tanto la buena mesa como los zopencos de a pie, servidor incluido.

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Entrar en Cachetero es ciertamente como una vuelta al pasado, pues sus salones clásicos y cálidos a la vieja usanza, invitan a la conversación pausada y al alborozo del festejo familiar, como siempre fue en los restoranes que forran la memoria de la niñez. Uno recorre las paredes del garito y descubre innumerables firmas, dedicatorias, dibujos, y todas esas cicatrices que desvelan que allá la clientela fue dichosa, que es de lo que se trata cuando uno paga por comer fuera de casa. Sí, leyeron bien, pagar-por-comer. Las experiencias religiosas ya no se encuentran ni en las iglesias, por mucho gesto estupendo que pongan algunos chefs en los suplementos dominicales, arrimando el dedito a la boca.

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Así, tras cuatro generaciones dedicadas en cuerpo y alma a mantener viva la llama de tan legendario establecimiento, con la gran guisandera Pilar Sábado al frente en los últimos tiempos, el chef José Luis Vicente Gómez, que conocía bien la casa, se encontró un día con la posibilidad de recoger todo este legado y tirar para adelante, como los de Alicante. No se lo pensó dos veces, que para algo el mozo es de Bilbao, capital del mundo ya saben, y a todo lo aprendido con la buena de Pilar, todas esas cumbres de gloria de la gastronomía más típica riojana, se le unió su experiencia en asadores de relumbrón de la zona como el Egües de Logroño u otros como la Manduca de Azagra, en el que además de los secretos de la parrilla se le unían planteamientos más modernillos.

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A estas alturas ya sabrán que me resbalan las originalidades vacuas e incomestibles en el plato, pues prefiero de lejos la buena comida sin fantochadas, esa que nace de raíces bien afincadas, resuelta por chefs generosos y divertidos que sazonan sus guisos con bonhomía inmensa, virtud que puntúa con “punto y mini punto” en mi sistema de medición mental de una comida.

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José Luis tiene una de esas simpatías y entusiasmos contagiosos y el chaval se lo curra de lo lindo para seguir superándose día a día. Es un chalado de la trufa, en todas sus versiones, de las setas y de los helados, y son innumerables las jornadas que dedica a ambos productos y los cursillos que ha impartido. Pero si van un día cualquiera a Cachetero, elijan a la carta y acertarán. Como nobleza obliga, nunca faltan entre las propuestas unos ricos caparrones guisados o las pochas, ahora en verano, bien tiernas, que se sirven de tres maneras: con todos sus sacramentos, con almejas o simplemente de vigilia, que es como las comería la escritora MFK Fisher si resucitara y pidiera un cacito.

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Si la “caloret” pesa y no quieren empezar con riesgo, opten por unas verduras de temporada bien mimadas, un milhojas de verdura con torta del Casar muy cerduno o unas croquetas de jamón ibérico, que están tremendas, tope fundentes y con una costra que cruje de veras, como los directos al morro de Mohammed Alí.

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En el apartado de pescados siempre presente el bacalao, pil-pil, ajoarriero o con morros de ternera a la vizcaína, y otros clásicos como las kokotxas de merluza, anchoas fritas, el rodaballo al estilo Orio o los chipirones encebollados.

Con este tiempo entra de miedo la lasaña fría de anchoas con sopa de tomate, y son imprescindibles el huevo trufado y las patitas de cordero, emblemático plato de la casa que lleva cien años en la carta con la misma receta y una salsa de las de toma pan y moja elaborada con mucha cebolla, chorizo, panceta, pimentón, una pizca de harina y el caldo de la cocción de las patas. ¡Viva la gelatina que te alegra con asteriscos los análisis de sangre!

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Hay postres viejunos de los que nunca pasan de moda como los canutillos de hojaldre con chocolate caliente o el goxua y otros más apetecibles en la temporada como la fruta fresca con helado de coco y sopa de piña. Pero no se vayan sin zamparse algún helado, por dios, están hechos al momento, y entran que lo flipas, el de mojito se sale del mapamundi y te ilumina la cara como a Carmen Miranda. Por cierto, las chicas de sala no pueden ser más encantadoras y entregadas, ¡bravo!

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Como diría Julio Iglesias, ¡viva el vino y las mujeres!, y La Rioja, ¡coño!, tierra dichosa donde las haya.

Cachetero Comidas
Calle del Laurel, 3
Logroño 26.001 La Rioja
Teléfono: 941 22 84 63
reservas@cachetero.com
http://cachetero.com
Cerrado: domingos noche

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Rococó
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia / Negocios
PVP MEDIO 45 €

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