
Auténtico pollo de Adeje desde 1962

Cuando era niño visitábamos una pollería en el Pinar irunés en la que nos poníamos morados de muslos y pechugas con salsorra vinagrosa y muchos ajos asados sobre serpentines al rojo vivo, en el que giraban una pila de espetones. Un rato antes corríamos al vecino Mesón del Jamón a comer “jamón Jabugo”, en el único sitio en todo el Bidasoa en el que se vendía chacina ibérica, pues el patrón era salmantino. Otro recuerdo pollero son las pechugas “Villerruá” sepultadas en bechamel y empanadas que encargaba mi madre en una tienda de la calle Iglesia, que yo recogía con una ilusión desbordante. Por ellas había batallas campales, éramos cuatro hermanos hambrientos y las bandejas de pechugas fritas en mitad de la mesa convertían las cenas en veladas de boxeo.

La pechuga con ajos era otro festival, pillaba el pollo en la carnicería de Ignacio Gamborena, e higadillos, molleja y corazón terminaban encebollados. En aquellos días estaba de moda Ramoncín, “Rey del pollo frito”, una especie de Bowie pero madrileño que liaba barullos guapos para escandalera del público de entonces, que ponía el grito en el cielo por salir pintarrajeado y por las letras de sus canciones. Diré a su favor que me lo he tropezado varias veces y no puede ser más majo, atento, discreto y educado, además de cocinillas, ¡dale, Ramón! Sigamos con mis aventuras polleras, esta vez en mi primera visita a Norteamérica hace mil años, donde comí mierdas indescriptibles como tacos del Taco Bell, ¡menudo asco! o cubos infectos de pollo frito del KFC. Visitábamos a Luis Antuñano en Chattanooga y volamos a Luisiana para patear Nueva Orleans y ponernos ciegos a birras, jazz, blues y papeo, comimos en tabernas infectas buen pollo frito adobado picante o Jambalayas, una especie de paella con cangrejos y especias.

Pero centremos la jugada en el local de hoy, un tasco al sur de la isla de Tenerife, en lo alto del pueblo de Adeje, que es un lugar paradisíaco plantado en un macizo selvático y boscoso que parece Costa Rica o el Amazonas, menudo despelote de vegetación y pedregales. Si le echas imaginación cuando paseas y vas fijándote en las fachadas o en el desarrollo de sus calles, parece que estás en un distrito de La Habana o en el barrio cubano de Miami, lleno de peluquerías, despachos de fotografía y peña sentada al fresco cotilleando o zalameando, intentando llevarse algún gato al agua.

En Oasis llevan sesenta y cuatro años friendo auténtico pollo de Adeje, y no sabes si es porque el pollo es nativo o la receta bebe de la tradición local. Alguno se preguntará cómo demonios puedo recomendar este establecimiento y lo hago por lo peculiar y porque tienen amaestrada a su clientela, ¡hacen cola!, para ponerse ciegos de pollo frito, adictivo y pelotudo. La patrona es Graciela y elabora sus recetillas en la planta alta del local para que no le pispen adobos, mojos y elaboraciones varias, que un equipo diligente y apresurado va sirviendo a la velocidad del rayo por las mesas del comedor y la terraza. Son bastante bordes, quedan avisados.

También les digo que el mejor pollo frito lo comerán al final del día, cuando el aceite de fritura oscurece y pilla toda la sustancia de los cientos de pollos que desfilaron antes, ténganlo en cuenta porque está más sabroso, crujiente y “flamenco” que el tempranero. La oferta está escrita en una pequeña pizarra: ensalada, papas arrugás con mojo rojo o verde, patatas fritas blandurrias que no valen un pimiento, el pollo frito que llaman “picante” y pan normal o de ajo, que son bollos abiertos y empapados de mantequilla y ajo. Si van con niños, fríen pollo normal para que los chavales no pongan pegas. Rasguen el pollo con las manos y disfruten de los pellejos chamuscados untándolos en la salsorra de la bandeja. Son cucos, porque fríen solo muslos, mucho más jugosos. Para beber, cerveza de cañero y una digna selección de vinos expuesta en vitrinas refrigeradas junto a un arcón llenos de polos, magnums y cornetos. Hay postres caseros, copas de cremas de sabores dulzonas que podrían fulminar a un diabético: “polvito uruguayo”, “maracuyá”, “ron caramelo”, “higos”, “tres leches”, “chocolate Nutella” o “plátano galletas”. Disfruten, que nos quedan dos telediarios.

Oasis
Calle Grande 5 – Adeje
T. 922 780 827
COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Tasca
¿CON QUIÉN? Con amigos / En familia
PRECIO ***/*****










