Casas

Restorán legendario de la sierra de Aracena

Vamos de paseo en un auto nuevo, “pí-pí-pí”, y partimos desde Aracena en dirección a Portugal. En un extremo de nuestra ruta llegarán a Jabugo y retrocediendo, están Galaroza o Castaño del Robledo, que atesora en su placita el Rincón de Pepe, una covacha llena de chacina, morcón, salchichón, jamones o paletillas enormes, ¡de más de siete kilos!, si las encargas con suficiente antelación, ¡madre mía! Desvíense a Fuenteheridos con sus doce caños y entren en “La Posá” con su chimenea, visiten al churrero y paséense por su casco urbano con supermercado de confianza, tiendas de canastos, tascas y comercios para que los urbanitas llenen el maletero de chorradas.

Valen mucho la pena Los Marines o Cortelazor, dense otro voltio por sus calles desnudas en las que no hay opción de gastar, acostumbrados a tanta tienda, el medio rural aniquila las tentaciones y machaca la cobertura telefónica. Podrá caer alguna cervecita con su tapa en cualquier tasco lleno de jubiletas, charlen, que es gratuito. Linares de la Sierra es otra preciosidad, pues por allá pasaron cristianos, moriscos y la madre de Abderramán, atraídos por la riqueza de esa sierra llena de neveros, fruta, verdura, guarros, ovejas, alcornoques, olivos y setas, ¡menudo desfás! Allá está el Arrieros, tasco cuidadísimo de meritoria cocina serrana, y el bar Jota de la calle Real, échense un vermú en su terraza plantada en mitad de una Plaza de toros.

Hay lugares idílicos como Corteconcepción, localidad chacinera de categoría, cómanse una panceta ibérica en bocadillo en el bar Javier y bajen al chiringuito del embalse a fumarse un habano y pimplarse un cubalibre. Pero centremos la jugada en Aracena, capital del condado con intrincado casco urbano en el que se desperdigan los vecinos en busca de pan, café, confites, enseres de farmacia, leña o los avíos necesarios para arrimar los pucheros. Tienen un mercado de abastos abandonado, ¡qué pena más grande!, y su polígono comercial junto a la carretera con frutería, ferretero, los carniceros Vázquez o Segundín y el gran Miguel Ángel, sheriff de patatas Perdi, que fríe a diario las mejores papas gruesas, crujientes y adictivas, pura perdición.

Vayamos al turrón. El patrón del “Casas” es Manolo y corta jamón a cuchillo como Rostropovich tocaba con su cello las suites de Bach. Con sus ochenta largos, corretea por las mesas, dejándose ver y saludando a su parroquia. Si son capaces de tentarlo, les cortará una ración de jamón apoyando la pata sobre la mesa, pezuña en alto. No se les ocurra sacar el móvil y grabarlo porque ese momento es para ustedes, alucinen con su virtuosismo y disfrútenlo. Tiene su intríngulis cortar un jamón amarrado al jamonero, así que imagínense hacerlo al aire y sin soltarlo, despachando lonchas sobre un plato de loza. Si lo interrogan les saltará a la yugular con su gracia serrana, echando pestes sobre el ego subido de los cortadores modernos que despachan lonchas estrechas y translúcidas, dibujando formas caprichosas sobre la vajilla. Sus chaflas son lonchas generosas de los tiempos de Curro Jiménez.

Manolo se come un plato todos los días, granice, llueve o truene, y Loli, su mujer, le recuerda los tiempos de a seis pelas el kilo de jamón, desvelando el secreto de la eterna juventud de los mayores del pueblo, longevos gracias a la preciosa medicina infiltrada en la grasa del cochino curado. En su cuadrilla, algunos superan los cien porque comen jamón todos los días. Abrieron en 1947 y sus mesas vieron pasar carros, arreos, acorazados, blindados y carretas, imagínense el percal. En la carta reza una maravilla digna del mismísimo Julio Verne, “según el diario Británico The Guardian y su reconocido gastrónomo Killian Fox, este restorán fue elegido mejor lugar del mundo para comer Jamón Ibérico». Mátame camión, no pueden ser más leyenda. Ese reconocimiento lo consiguen ofreciendo material criado y curado en las dehesas del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Rebanan a cuchillo lomito de presa, caña de lomo, salchichón o morcón y Emilio, el jefe de cocina que lleva más de cuarenta años con la familia, guisa todas las especialidades que atraen a los clientes: revueltos, tortillas, verduras salteadas, setas, huevos fritos, pollo en salsa, conejo a la cazadora, rabo guisado, perdiz, manos de cerdo, san Jacobo especial o carnes ibéricas tostadas, solomillo, presa, lomo relleno, secreto o pluma. Los postres son pantagruélicos, flan, natillas y arroz con leche con costra tostada, tocino de cielo, manzanas asadas y helados. Disfruten, que nos quedan dos telediarios.

Casas
Pozo de la nieve 39-41 – Aracena
T. 959 128 044
restaurantecasas.es
@restaurantecasas

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Campestre
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia
PRECIO ****/*****

 

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