
Rosa madre, Paco padre, y ahora, Paco hijo

La primera vez que estuve en Granada, hace mil años, dormí en el Parador de San Francisco, en mitad de los jardines de la Alhambra, una verdadera experiencia religiosa, como cantaba el hortera de Enrique Iglesias, “oeah”. La vieja ciudad de los reyes nazaríes es un despropósito de belleza, hermosura y voluptuosidad, a pesar de las hordas de turistas que siguen al tipo de la banderola, haciendo fotos a todo lo que se menea. Allí te sientes muy pequeñito y reconoces el orgullo de pertenecer a la misma cultura que levantó aquella ciudad amurallada con sus baños, jardines, mezquitas, fuentes y caños. A pesar de ese deporte tan patrio de hermanarse con peña que no echa la siesta, ni come jamón ibérico o turrón de Suchard, siempre les digo lo mismo, que tenemos más afinidad y cosas comunes con un albaceteño, obviamente, un portugués o un leridano que toda esa golfada política de hermanamientos impostados con localidades y culturas que nos son tan ajenas y nos las trae al pairo, vale ya de populismo, golferío y cuentos chinos baratos.

Me centro, que me detienen los de extranjería o me corren a navajazos los moritos guarros que campan a sus anchas frente a nuestros ayuntamientos, tan progres, tan solidarios y con los balcones llenos de banderas tan integradoras. Definí el FM como la esencia del “tasco patrio, despojado del folklore habitual en este tipo de establecimientos; ni carteles, ni máquina de tabaco, ni tapas en exposición, ni lotería de navidad, ni nada que distraiga la atención, pues solo reluce la barra pulida, las discretas mesas con sus taburetes, un frigorífico expositor y unos patrones obsesionados por ofrecer las mejores golosinas al primero que franquee la puerta y pague por ellas. Punto pelota”. Bastantes años más tarde cambió la cosa a mejor, pues compraron el local vecino, tiraron tabiques y lo adaptaron a los tiempos de hoy, luciendo cocina más grande e instalaciones más confortables para que luzcan pescados, mariscos y una bodega de ensueño con muchas referencias para pijos, locales, pastosos, tiesos o los que se conforman con un “albariño” o un “Tío Pepe”.

Allá siguen los patriarcas, Rosa y Paco, abuelos ya y felices con su nieta, celebrando un gran año de cambios y novedades junto a clientes y amigos del barrio. Pasaron el testigo a su Paquito, que calza la misma sonrisa traviesa y cómplice de sus progenitores, currantes, austeros, profesionales, leales y de poco “lerele”, pues así se ganaron a pulso la admiración del respetable. Lo mismo sirven en sus mesas a Ferran Adrià, capaz de comer marisco echando felipones mientras dicta cátedra sobre la cuadratura del nabo gallego, o tropiezas con José Andrés o algún periodista de la vieja escuela, o compartes mesa con colegas ilustrados, estrellados, hosteleros normales, zampones, chulapos, abogados, registradores de la propiedad o cualquier caprichoso que tenga el antojo de comerse toda la costa andaluza, pues los timbres de gloria de esta casa son los pescados y los mariscos de la lonja de Motril.

No se confíen y sigan ejerciendo ese gesto de vieja escuela de aterrizar por allí antes de que levanten la persiana, por si las moscas, siéntense los primeros para no tener que compartir nada y cómanselo todo. Todavía hay incautos que aparecen en la pescadería a mediodía y vuelven impresionados porque “no había mucha cosa”. La regla de oro del comilón es madrugar y llegar antes que nadie para pillar el mejor tomate, la cabeza y las aletas de ese mero gigantesco para hacerlas al horno, las quisquillas más cargadas de huevas o esa gamba blanca que desaparecerá en un abrir y cerrar de ojos. El listado de manjares seleccionadísimos que sirve esta casa es de locos. Pulpo seco con berza, bacaladilla, ensaladilla, ostras, almejas, cañaíllas, conchas finas, escupiñas, cabezada de pulpo, quisquillas crudas como en ningún sitio las hay o unas virgueras vieiras crudas con tártaro de quisquilla y erizo gallego. Hay cigala plancheada, gamba frita o plancha, nécora gallega, carabinero, chopitos plancha, puntillitas fritas, sepietas plancha e impecable fritura de salmonete, calamar, pijota, boquerón, rape, gallineta, gallo San Pedro, pargo o hueva de merluza. Que no falte la ensalada de tomate crujiente, embadurnado de aceite de oliva virgen extra. Los más ansiosos del atún rojo, tienen en este local platillos de muchos quilates, tataki de descargamento, sashimi de ventresca, taquitos de atún a la plancha o atún con soja y huevo, en filete tártaro. Disfruten, que nos quedan dos telediarios.

Bar FM
Av. de Juan Pablo II, 54, Beiro – Granada
T. 958 157 004
barfm.es
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COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Tasca modernita
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia
PRECIO *****/*****










