Begoña Rodrigo

La primera vez que vi a Begoña fue en el Top Chef del bronco Chicote, ¡incapaz de matar una mosca!, ¡algunos cardan la lana y él gana la fama!, y por allá andaba con sus cuchillos afilados intentando llevarse el pato al agua para demostrar que es mujer cocinera de armas tomar -y vaya que lo logró-, subiéndose al podio ganador.

Desde entonces llovió un rato y ahí sigue ella, contra viento y marea, guisando su “terreta” y ejerciendo de embajadora de vanguardia allá donde se planta con su equipo, con el que guisa en un local que irradia toda la luz del levante mediterráneo.

Su “Salita” es coqueta y chiquita, pero despliega diariamente por sus mesas a un equipo de sala que planta sobre el mantel la mejor cocina de una brigada que guisa, estofa y baila en un diminuto fogón abierto al mundo.

No me pondré estupendo enumerando los diferentes juegos de naipes que consigue con sus platos, ni les aburriré con enunciados infinitos, porque Begoña simplemente golpea en la sien cocinando sin gilipolleces y currando al fuego, rascando culo de cazuela.

Aunque los cánones de la modernidad no se escriban con miga y corteza, pidan pan a cascoporro y ármense de valor para dejar relucientes esos platos en los que brillan jugos y salsas sobresalientes.

www.lasalitarestaurante.com

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