Vinagre de vino “Corumbel”

Mi padre se bebía el vinagre a morro, pues no conocí mayor adicto al acido acético que el amigo Jorge, capaz de enchufárselo a pelo sin disimulo alguno. Igual le daba chorrearlo sobre mejillones, patatas hervidas, lechugas, tomates, lentejas, alubias pochas o pescadito frito, pues sacaba la botellita del armario y rociaba con ella todo, sin disimulo y gran descaro.

Así que heredé su gusto por lo vinagroso, y aunque sea más prudente en su manejo, me gusta rociarlo como si fuera perfume parisino sobre ensaladas, escabeches o guisos, ¡menudo subidón!

En alguna ocasión les comenté las bondades del brandy Luis Felipe, un elixir que envejece por el tradicional sistema de soleras y criaderas en botas de roble americano envinadas con olorosos y Pedro Ximenez, así que como no podía ser de otra manera, la misma casa elabora con esos “mimbres” de relumbrón unos vinagres viejos de verdadero infarto, amparados por la Denominación de Origen Protegida “Condado de Huelva” y cocinados con olorosos del tipo Condado Viejo, criados en botas y envejecidos durante muchísimos años.

Si pillan el reserva 1965, se les caerán los ojos de las cuencas con su color caoba, su suavidad y ese perfume embriagador que levantaría de la silla a cualquier muñeco tieso de un museo de cera.

www.brandyluisfelipe.com

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