Tortilla de patata del Gran Sol

Muchos jóvenes macarras del condado que hoy dirigen empresas y se plantan la corbata para visitar a su concurrida clientela, pasaron parte de su agitada juventud sentados en las escalerillas del “Nayen”, que muchos recordarán como un reducto de la insurgencia y el folclore punkarra en el mismo centro de la marina hondarribitarra.

Sí, amigos, aquel bareto oscuro de sucio malecón estaba plantado junto al “Gran Sol”, que era una taberna de toda la vida de dios en la que los pescatas echaban tragos comentando sus cuitas marineras, si había o no chipirón o las capturas eran provechosas.

Poco a poco la joven camada de los Muñoz fue tomando las riendas del negocio y convirtieron el viejo tasco en un bastión de los pinchos más rebuscados y modernos, con llenazos diarios de gentes de todas las nacionalidades que se arrastran hasta la barra para ponerse ciegos de todas esas especialidades que le dan justa fama al local: fritos, tartaletas, volovanes, barquitas de hojaldre u obleas rellenas, cualquier alimento lo convierten en pincho con pedigrí.

Pero si algo brilla con luz propia, irradiando un destello del copón es esa soberbia tortilla de patata que cuajan a primera hora del servicio, en cuanto montan la barra. Jugosa, dorada y sabrosa como pocas, es no más una evidencia de que en este establecimiento saben lo que se traen entre manos desde hace ya un porrón de años. ¡Larga vida al Gran Sol y a su tortilla!

www.bargransol.com

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