Moscovitas

Alicia y Miguel nos invitaron el otro día a jamar cigalas al ajillo y marmitako de bonito en su minúscula terraza y casi muero de un flato a los postres cuando destaparon la caja de los truenos de estas finas galletas de nombre tan sugerente, pues es un empezar y no parar, ¡virgen santa!

De inmediato, recordé mis años de infante en la escuela de cocina cuando, en cierta ocasión, una compañera llamada Lourdes Iradi nos dejó a todos boquiabiertos con unas sorprendentes tejas de manufactura superior, translúcidas y crujientes.

Hasta entonces, las únicas tejas que uno conocía eran las típicas de gruesa argamasa con las que te partes la piñata, así que aquella maravilla nos dejó petrificados.

Las Moscovitas son hijas de un obrador por el que pasaron distintas generaciones de maestros confiteros y la receta sigue intacta e indestructible al paso del tiempo, manteniendo su finura y ese puntazo que le dan la nata, las almendras marconas empleadas en su confección y esa finísima cobertura de chocolate que recubre una de sus caras y la hace aún más delictiva.

Verán que son hijas putativas de la confitería Rialto de Oviedo, un salón de té al que se ha unido hace unos años otro despacho en el madrileñísima calle Núñez de Balboa, en pleno barrio de Salamanca, así que pónganse un monóculo de aristócrata, vayan y háganse con una caja cagando leches.

Precio aprox.: 26 euros – ½ kg.
www.confiteriarialto.com

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