Nube “Val de Cinca”

Una de las ventajas de crecer en la mismísima frontera francesa es haber disfrutado de golosinas que antes de aterrizar en la meseta, nos zampábamos entre pan y pan en riguroso estreno. Hoy todo va a la velocidad del rayo, pero no hace tanto, una cuña de Roquefort era droga dura al alcance de pocos, sometida a rigurosos aranceles.

Subidos a lomos de potentes “Mobylettes”, arrasábamos las vitrinas de las queserías y entre los amigos nos pegábamos unas cuchipandas de pan, queso y vino de agárrate que hay  curvas. Luego, llegó Felipe González, desaparecieron las fronteras y poco a poco nos pasteurizamos, templándose el apetito y apagándose ese deseo patrio por lo prohibido y lo desconocido.

En estas crónicas del demonio hemos hablado largo y tendido del yogur de la amiga Pilar, elaborado en la provincia de Huesca con leche de oveja de una peculiar explotación lechera de ovejas. Así, con esa leche grasa recién ordeñada, elaboran este queso de pasta blanda y coagulación láctica en forma de lingote, madurado en cámara durante dos semanas y con una preciosa corteza de moho inmaculado y aterciopelado como las capas reales de armiño de los cuadros que pintó Velázquez.

Como en aquellos recuerdos de infante, engancha al primer mordisco, fundiendo en boca y ofreciendo una acidez bien medida que invita a trincárselo en menos de lo que canta un gallo. Si se deja envejecer de más en la nevera, refuerza el sabor y su corazón se vuelve una crema pistonuda, ¡vaya peligro!

www.valdecinca.com
Precio aprox.: 8 euros – unidad

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